Centro de Orientación y Promoción para la Familia
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Transmitiendo valores en la familia

agosto 21st, 2013 | Posted by Reconciliar in Artículos


El hombre está llamado a vivir en la verdad y en el amor, además cada persona se realiza en la entrega sincera de sí mismo. Esto es válido tanto para quien educa como para quien es educado. La educación entonces es un proceso en el que la recíproca comunión de las personas está llena de significados.  De ésta manera la educación puede ser considerada un verdadero apostolado, que no sólo establece una relación entre educador y educando, sino que hace participar a ambos en la verdad y en el amor.

1. ¿Por qué es importante que la familia sea la principal transmisora de valores?

Porque siendo la familia una comunidad íntima de vida y amor, se da entre sus miembros una entrega sincera que hace crecer el primer vínculo amoroso.  Así, la familia se convierte en la primera y principal escuela de virtudes, siendo los padres los primeros educadores y formadores de personas y futuros ciudadanos.

La familia en su condición de primera célula vital de la sociedad está llamada a formar personas humanas que serán el alma de la vida y el desarrollo de la comunidad.  Es decir, la familia es fuente de humanización para cada hombre que nace y crece dentro de ella, de esta manera se prepara a la persona para que, movida por el amor, quede íntimamente vinculada a sus raíces existenciales beneficiándose de la influencia recíproca y el dinamismo de intercambio de valores existente entre sus miembros.

2. ¿Cuáles son los valores más importantes que esta transmite?

El amor como valor supremo, la confianza, el don de servicio, la verdad, el respeto, la honestidad, la libertad, la valentía, la solidaridad, la humildad, la justicia.

La familia al transmitir estos valores coopera en la formación de la persona humana para que consolide criterios que lo harán un ser humano capaz de discernir adecuadamente en toda circunstancia  y así se convierta en un  arquitecto para la construcción de un mundo mejor,  más humano y más civilizado.

3. ¿Cómo perjudicaría a los hijos inculcarle valores y que estos no se practiquen en la familia? Por ejemplo querer que los hijos sean educados y corteses y a la vez que vean a los padres peleando o insultando a sus vecinos.

Afectaría muchísimo, se estaría hablando de falta de coherencia por la existencia de un doble discurso. Atentaríamos contra los esquemas de nuestros hijos y contra su salud mental, puesto que en nuestra condición de referentes los estaríamos defraudando lo que para ellos equivale a un engaño. Se generaría la desconfianza, la confusión, la desorientación, la falta de seguridad y el temor.

Los hijos deben percibir a su familia como una auténtica comunión de personas coherentes, y modelo a seguir. Por ello tener en cuenta esta frase: “tus actos hablan tan fuerte que tus palabras casi no las escucho”

4. Cuatro consejos prácticos para transmitir valores en la familia

1. Educar en la confianza y el diálogo. Da muy buenos resultados la escucha activa con una mirada serena y una actitud reverente; de esta manera se sentirán amados y respetados. Si tu hijo necesita decirte algo, deja de hacer lo que estas haciendo y escúchalo con atención, sin juzgarlo. Una explicación adecuada a su edad, con una actitud abierta y conciliadora, da muy buenos resultados.

2. Mantener un ambiente de armonía familiar; los padres proporcionan seguridad y confianza. Aunque los hijos sean pequeños, perciben cuando el entorno está tenso o violento. Es mejor evitar discusiones en su presencia, pero cuando sean inevitables, explicarles qué es lo que ha pasado; en la medida que puedan comprenderlo. Si nos callamos, podrían pensar que ellos tienen la culpa, este sentimiento los aturde e inquieta. Si presencian frecuentes disputas entre sus padres, pueden asumir que la violencia es una fórmula válida de comunicación o que es buena  para resolver las discrepancias. Acuérdense, que ustedes padres de familia, son la referencia, el modelo a seguir.

3. Demostrar a los hijos lo mucho que los aman; diciéndoles que ellos son un bien preciado y que son lo más importante que tienen; lo mejor que les ha pasado en la vida.  Escucharlos siempre que estén en problemas y si son pequeños y lloran, consolarlos.  Los padres que no escatiman besos, caricias o palabras de aliento tienen hijos más felices que se muestran cariñosos con los demás y son más pacientes con sus compañeros por ejemplo en los trabajos en equipo o en los juegos. Hacerles ver que nuestro amor es incondicional y que no está supeditado a las circunstancias, sus acciones o su manera de comportarse.  Tener en cuenta que quien recibe amor es capaz de transmitir amor, eso no implica que dejen de respetarse las normas o reglas de convivencia. Enseñar con amor y paciencia; reforzar el esfuerzo, no solo los logros.

4. La paciencia en los padres es un don que hay que cultivar día a día. Aunque les parezca o estén “seguros” que sus hijos los están desafiando con sus negativas, gestos o palabras; tener en cuenta en todo momento que el objetivo prioritario es educar y no perder los estribos, ya que si lo hacen el daño es mayor. No decirles por ejemplo: “Qué tonto que eres”; “No te aguanto”; “Que pesado que eres”; “No soporto tu mal genio”; “Por qué no habrás salido como tu hermano” estas frases dañan su auto concepto. Al igual que sucede con los adultos, los niños están muy interesados en conocer su nivel de competencia personal, y una descalificación que provenga de los padres echa por tierra su autoconfianza. ¿Qué hacer en ese momento, que sentimos que estamos perdiendo la paciencia? Salir de la habitación, respirar profundo, no tomarlo de manera personal, contar hasta diez; cualquier técnica es válida antes de reaccionar con agresividad ante una de sus “trastadas”. En caso de que se nos escape un insulto o una frase descalificadora, debemos pedirles perdón de inmediato. Reconocer nuestros errores también es positivo para ellos. Los padres no somos infalibles; hay que saber admitir nuestros errores, saber perdonar y saber pedir perdón.

Rosario Pantoja

Psicóloga psicoterapeuta cognitiva con maestría en neuropsicología, diplomada en orientación familiar.  Con experiencia en psicología clínica y educativa.  Terapia y orientación de niños, adolescentes, adultos y parejas de esposos;  y,  sus  familias.

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