Centro de Orientación y Promoción para la Familia
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¿Qué celebramos el día de la madre?

mayo 10th, 2014 | Posted by Reconciliar in Artículos

El calendario parece haberse  colmado de celebraciones. Hay día de todo y de todos. Hasta los platos de comida en el Perú tienen su día y hay más gremios y platos “riquísimos” haciendo cola para  tener un espacio en nuestro almanaque.

Llega el día de la madre y en este contexto me pregunto si vale la  pena seguir teniendo un día especial para agasajar a la mamá, o si mas bien, como dicen muchas personas, el “día de la madre debería ser todo el año” y punto: no más celebraciones, rodeadas de un consumismo casi agobiante que parece sumergirnos en una vorágine de compras, que casi siempre ocasiona que el día de la madre o el previo, andemos buscando “el último regalito”, cansados  y deambulando por tiendas y almacenes.

Bueno y qué haría tan importante a las mamás para mantenerlas dentro el frondoso repertorio de celebraciones? No soy de las que sobre exaltan la maternidad ni la contraponen a la paternidad, pero ciertamente, “madre sólo hay una” sea que te haya dado  la vida biológica o  que te haya criado, la experiencia de afecto, seguridad y cercanía que nos han dado nuestras mamás y que podemos dar a nuestros hijos, es única. El genio femenino, como  tan extraordinariamente llamó San Juan Pablo II al talento innato de las mujeres,  se viste de gala con la maternidad; la vocación de servicio, de ponernos al cuidado y en el lugar del otro (sin quitarle su cuota de esfuerzo y de renuncia), casi que nace naturalmente en las madres, así como nuestra vocación de aconsejar bien y oportunamente a nuestros hijos, siguiendo a veces tan sólo, nuestra intuición.

El vínculo único que hemos establecido con nuestros hijos desde la concepción, es  inimitable, no hay otro igual entre los mortales. Dios  nos ha hecho así, y El es sabio. No voy a enumerar todos los adjetivos maravillosos con que nos califican nuestros hijos, ni todas las profesiones  que sin  seguir especialización alguna, tenemos para ellos. Los más pequeños son de los más ingeniosos para retratarla: “mami, ¿tú eres doctora no es cierto? porque cuando estoy enfermo, tú me curas”, me dice con sabia ingenuidad uno de mis hijos.

Todas las mamás somos distintas, algunas trabajan sólo en casa y ¡vaya que la labor es ardua!, otras pasan muchas horas fuera de casa, otras combinan su trabajo en casa con alguna otra ocupación, otras, asumiendo una decisión difícil, han tenido que viajar y trabajar lejos para poder solventar los gastos de sus hijos y desde algún otro lugar, día a día, los llevan en su corazón; cada una imprime en sus hijos un modo particular, un sello, un “algo” que los hace  especiales. Hay mamás que ya partieron de esta tierra, algunas dejaron hijos adultos, otros jóvenes, otros niños;  cada hijo lleva en su corazón, el recuerdo y el anhelo de la caricia de  su madre.

Para los católicos, hablar de mamá remite de inmediato a la Virgen María y ahí tenemos un ícono elocuente; linda casualidad (o tal vez no) que en el mes de mayo la celebremos especialmente; a Ella la vemos amorosa, preocupada, íntegra, entregada y serena en los momentos más alegres y en los más duros y difíciles, en una presencia  discreta y grandiosa, porque no puede evitarse que brille su amor de madre.

Por esto y por mil cosas más, yo voto porque siga en el calendario, el segundo domingo de mayo,  el “Día de la Madre”.

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