Centro de Orientación y Promoción para la Familia
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Claves para la convivencia

noviembre 14th, 2013 | Posted by Reconciliar in Artículos

PERMISO, GRACIAS Y PERDÓN 

(El Comercio, Lima 29 de octubre de 2013) 

En su reunión con las familias que el último fin de semana llegaron a la Plaza de San Pedro, en Roma, el papa Francisco ha recordado tres palabras claves para la convivencia en esa célula básica de la sociedad: permiso, gracias y perdón.

Es precisamente en la familia donde se aprende la propia dignidad, así como la de los demás. Allí se aprende a dialogar y a desplegarnos como seres en relación, lo que nos diferencia del resto de la creación. Es el primer espacio donde se experimenta la compasión y la ayuda mutua, la tolerancia y el amor, el sacrificio y la renuncia por el otro.

Ese es el lugar natural donde se debe entrenar el pedir permiso, el dar gracias y el pedir perdón, algo que muchos hogares de hoy no practican tanto como deberían. Más que solamente buena educación, estas tres palabras puestas en práctica en la familia construyen, o mejor dicho, cultivan personas que muy probablemente se comportarán mejor en la sociedad.

Las consecuencias de no practicarlas las vemos hoy en todas partes. Ellas son las marcas de los fracasos de una sociedad que no apuesta de manera decidida por el núcleo donde se forman las personas, que además de padres o hijos son también ciudadanos. Lo que se hace en casa no se queda allí, sale, aumentado, a todos los ambientes donde estamos presentes.

El ‘bullying’ en los colegios, el maltrato en los centros de trabajo, la manera agresiva en que manejamos resultan de esas carencias.

De una familia donde el permiso, las gracias y el perdón son práctica común, es altamente probable que salgan personas que apliquen lo mismo en los otros tipos de relaciones humanas que experimentan fuera de casa: entre amigos, en el centro de trabajo, en la calle, en la comunidad.

Imaginemos por un instante una sociedad donde en lugar de atropellar al otro se le trate con atención y reverencia, donde en lugar de meter el carro para ganar la luz roja y poner en peligro a los demás, se ceda el paso con cortesía, o donde uno escucha a la persona que habla y no se distrae con el celular.

Una sociedad donde no se olvide dar las gracias con calidez y sinceridad cuando recibe un favor o simplemente a quien nos acompaña en la vida, en lugar de dar todo por descontado y por merecido.

Una sociedad donde las personas están dispuestas a pedir perdón o a ofrecer disculpas si han cometido un error, en vez de buscar justificaciones para rehuir la responsabilidad de sus actos.

Esos pequeños grandes detalles en la vida cotidiana harían relaciones humanas más amables, más sanas y transparentes, menos violentas y suspicaces.

Y aunque, como se ha dicho, son aplicables a todo tipo de relación, practicarlas en la familia es fundamental para que también sea posible hacerlas vida en el mundo.

Rossana Echeandía Escudero
Periodista

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